Llámese Pedro, Juan, Simón o Santiago… los pescadores artesanales son hombres permanentemente conectados con los cuerpos de agua; sean mares, lagos, lagunas, pequeños o grandes ríos. En los orígenes de las civilizaciones su labor diaria era de vital importancia para las comunidades.

Aunque constituye un oficio muy exigente en cuanto a condición física y psicológica, depende mucho de los climas adecuados y las temporadas cuando existen las especies comestibles. Su producto alimenticio de gran calidad era en un principio más regular y abundante que el de la incipiente agricultura y ganadería.

Alrededor del mundo existen aún muchas culturas que fundamentan una proporción importante de su alimentación en la pesca artesanal. Son famosas las pescas del cachalote, del atún y el bacalao; por ser actividades donde el pescador demuestra su virilidad y sentido de responsabilidad, más allá de toda duda.

Mucho del talento para navegar por los grandes ríos del mundo, lagos y mares interiores como el Mediterráneo y el Mar Negro, o el conocimiento de las corrientes de agua y aire, se debe a la necesidad de encontrar nuevos y abundantes bancos de peces y otras fuentes de alimento, los cuales no siempre están disponibles cerca de las costas.

El pescador artesanal es una persona con un carácter especial: Generalmente aventurado, que no aventurero; pues debe calcular y asumir los riesgos de su oficio los cuales pueden ser en ocasiones letales, a condición de alimentar a su familia primero, y luego obtener suficiente pescado o producto para saciar el hambre y gusto de las personas en la comunidad donde vive. El pescador vive su cotidianidad en medio de un paisaje hermoso pero hostil y peligroso para la vida humana.

Por ser un “cazador de agua”, el pescador artesanal siempre estará en peligro de convertirse en el alimento de los peces que pretende capturar. Además, cada paisaje implica sus propias amenazas. En lugares aparentemente tranquilos como lagunas y estuarios habitan feroces cocodrilos y serpientes, sumado a la posibilidad de una crecida repentina e inesperada, porque ha llovido en las montañas donde nacen los ríos.

Las condiciones inciertas y poco o nada controlables de la pesca artesanal, impulsaron la invención de procesos y aparatos especializados para cada paisaje; y con el aumento de las poblaciones se ha desarrollado la pesca industrial, cada vez a mayor escala. El arte de conocer el medio ambiente donde habitan los peces es hoy en día una actividad muy científica e impersonal.

Aunque cada día su trabajo representa una menor participación en la economía de los países, y la pesca se ha convertido también en un deporte competitivo, el pescador artesanal continuará representando los grandes valores de la vida humana: La paciencia activa frente a la naturaleza; el autoconocimiento de las propias limitaciones y la convivencia con las otras criaturas del universo.