El maestro talabartero, Don Joel Estrada Soriano de 62 años actualmente, nos expone sobre algunos aspectos y elementos relevantes de su vida en esta actividad artesanal.

Mientras estira una cartera a medio terminar y prepara algunos trozos de cuero para su acabado, nos cuenta cómo se inició en esta labor. “Yo aprendí este oficio en 1970, con un salvadoreño que vivía aquí en Tegucigalpa. Las labores más importantes son, en primer lugar, preparar el material; en segundo lugar, cortar y costurar; desbastar; hay diferentes cueros para diferentes clases de artículos: si usted quiere zapatos el cuero debe ser grueso; suave y moldeable; para una chumpa en cambio, debe ser delgado y muy resistente. Hay diferentes tipos de fajas; con forro o de una sola pieza. Las con forro llevan tres piezas o dos piezas; una pieza para forro y otra para cutis. La piel tiene que ser término medio, ni muy gruesa ni muy delgada. No se puede usar el mismo cuero para todo, porque algunas piezas deben moldearse. Una cartera con un cuero grueso se ve muy fea. Y una faja con un cuero muy delgado no es apropiada”.

El uso del cuero de animales para elaborar prendas de uso diario, pudo haber comenzado cuando algún cazador de la prehistoria se envolvió en la piel recién separada de una presa grande, con la intención de protegerse contra el frío y la intemperie. Existen objetos elaborados con pieles de animales diversos, muy bien conservados, como el famoso zapato prehistórico encontrado en Armenia, cuya edad se estima en 5500 años. El arte-ciencia de curtir pieles ya era conocido entre las primeras culturas agrícolas de la prehistoria. En lugares muy distantes se utilizaban las mismas substancias: taninos obtenidos de diferentes fuentes vegetales. También se utilizó mucho el alumbre (doble sulfato de aluminio) para curtir pieles; esta piedra transparente o blanquecina era usada intensamente como desodorante natural, en Oriente Medio.

Hoy en día el curtido de pieles y cueros es una inmensa industria. En sus procesos muy tecnificados, no se desperdicia nada de las materias primas. De los cueros se obtienen algunos pegamentos y varios subproductos, incluso colores artificiales. Las pieles resultantes de estos procesos de curtido avanzados son de gran calidad y a precios competitivos.

Cuando Don Joel inició su vida como talabartero, los cueros eran costosos y no siempre tenían la calidad esperada, según nos cuenta: “El curtido del cuero se hacía con trozos de madera de mangle o nacascolo, dentro de unas pilas donde se sumergen enteros, por varios días. El cuero del animal primero debe introducirse en cal, manteniéndose en ese medio por algunos días; al extraerlo de la pila, se descarna y desengrasa con unas cuchillas muy afiladas; se lava y se sumerge en otra pila con los taninos, colores y demás sustancias químicas necesarias para un buen acabado; finalmente se estira y plancha. Pero no siempre se disponía de una buena piel, pues salían muchas partes malas; se desperdiciaba mucho material. Hoy en día es diferente; las curtidoras son una gran industria, y los materiales son muy buenos. Se puede obtener cuero de diversos animales: vacas, caballos, cabros, culebras, cocodrilos, conejos, e inclusive sapo. Este último es muy especial, porque se parece a la piel del cocodrilo”.

Lo que más se vende actualmente, en la tienda de Don Joel, son carteras y fajas; también otros artículos personales, hechos a medida y por encargo. Hace varios años, el producto más elaborado era la montura o silla para caballos. Este era un objeto muy especializado, el cual consumía mucha piel de diferentes calidades; y muchas horas de trabajo constante, intenso y meticuloso. La montura era un objeto de piel muy apreciado en muchos lugares diferentes; entre las sillas para montar a caballo, quizás la más difícil para manufacturar sea la silla para montar caballos de carrera, llamada “galápago inglés”, pues se fabrica con especificaciones de peso y calidad sumamente exigentes.

Según Don Joel, los jóvenes que desean aprender la talabartería deben poseer un carácter especial; una combinación de mucha tenacidad y paciencia, además de un gran gusto por la observación con la vista y el tacto. El consumidor actual no distingue entre la piel auténtica y el cuero sintético. ¡Ese es un gran problema para el talabartero!, pues a muchos de los clientes solo les interesa la apariencia de los productos por un corto período de tiempo.

Los objetos de piel se hacen con propósitos duraderos, pensando en un uso cotidiano intenso y prolongado, el cual terminará por otorgarle un carácter único, propio de quien los utiliza; si por ejemplo, es una persona que camina mucho, el cuero se impregnará de sudor y transpiración, adquiriendo algunos tonos y colores muy particulares, los cuales cambiarán a través del tiempo.

Los clientes más constantes en el consumo de productos hechos con cueros, a través del tiempo, son los abogados; quienes por la naturaleza de su trabajo cotidiano, necesitan vestuarios y prendas muy especiales y elegantes. A ellos se les elaboran diversidad de productos, según sean sus necesidades; desde fajas hasta portafolios, de acuerdo a tamaños y formas solicitadas.

Cuando preguntamos a Don Joel, sobre el futuro de la talabartería, él nos afirma con mucha seguridad y aplomo, que este oficio milenario nunca desaparecerá, pues siempre se usan y requieren productos de cuero y pieles: “… además ¡Todos los clientes son exigentes! Hay que satisfacerlos para que vuelvan a comprar. Se debe aprender a soportar la presión y las exigencias de este trabajo. El auténtico talabartero debe amar las actividades que hace todos los días…