El Corsario F4U-5N poseía un motor Pratt & Whitney R-2800-32, con turbocargador automático; escapes cuadrados húmedos, para brindar un mayor empuje y eficiencia, de por sí muy grande en las versiones anteriores. Contaba también con instrumentos de aeronavegación mejorados y cabina con calefacción, lo que permitía efectuar patrullajes nocturnos con mucha efectividad;  todos tenían la capacidad para utilizar un radar, el cual se podía instalar en el ala derecha, según fuese necesario para la misión a realizar. Sus alas estaban forradas con lámina de duraluminio, en vez de lona, para evitar arrugamientos en las superficies, al alcanzar velocidades arriba de los 700 kph.

El armamento original de estos Corsarios consistía en 2 cañones de 20mm por ala;  y una capacidad para cargar hasta 2500 libras de bombas, en configuraciones de 2 o 4 rieles por ala. En el FAH 609 se sustituyeron ambos pares de cañones por 04 ametralladoras .50 BMG, con apagallamas cónicos.

El F4U Corsario fue diseñado y construido especialmente para apoyar a los Cuerpos de Ejército de la Marina de EE.UU., quienes identificaron la necesidad de acompañamiento aéreo efectivo en operaciones de invasión anfibia y terrestre, según la doctrina militar dominante en esa época, consistente en guerras rápidas altamente mecanizadas.

La historia de este avión extraordinario comenzó cuando la Oficina de Aeronáutica de la Marina de EE.UU. solicitó, en Febrero de 1938, un avión con altísimos indicadores de desempeño. Entre las numerosas características y capacidades solicitadas, las dos más importantes eran: Poder desplegarse en un portaaviones y poseer una gran capacidad para cargar armamento.

La Compañía Vought-Sikorsky, desarrolladora de este sumamente exigente proyecto, encontró un obstáculo notable en la mesa de diseño, pues dos características esenciales del nuevo avión se oponían, gravemente: Por un lado, requería un tren de aterrizaje corto y fuerte, debido a los vaivenes del portaaviones cuando se aterriza sobre él;  y por la otra parte, el poderoso motor con sus hélices de 4.5 mts. de diámetro, requerían una mayor altura sobre el suelo, para lograr toda su potencia y capacidad de propulsión.

¡La solución genial fueron sus alas curvas “de gaviota, invertidas “, que le otorgaron esa apariencia única e inconfundible! Se fabricaron  12,571, en 6 modelos y varias versiones,  hasta 1952; año de producción final, cuando se entregaron los últimos 94 aparatos a la Marina Francesa.

Actualmente, el último de los Corsarios hondureños, el FAH 609, permanece en exhibición, en el Museo del Aire, mientras varios de los otros ejemplares son parte de colecciones privadas y grupos de vuelo acrobático en exhibiciones aéreas, alrededor del mundo.