El principal reto que enfrentaban los conquistadores españoles, cuando transportaban sus animales domésticos hacia América, era el mantenimiento saludable de estos organismos, durante el largo tiempo de navegación. El conocimiento que tenían sobre la alimentación y los cuidados específicos de sus caballos, vacas, toros, bueyes y cabras, les permitía atender sus ganados de la mejor manera posible, a partir de sus posibilidades económicas. De esta forma fueron traídos los animales domésticos más utilizados, en el Virreynato de la Nueva España (México, parte de EE.UU. y Centroamérica), durante poco más de tres siglos.

Solo los habitantes de las regiones andinas, gobernados por los Incas, habían logrado domesticar a un mamífero mediano: la llama. De allí, en la mayor parte de América existían algunas aves domesticadas, entre ellas, el jolote o pavo americano era la más importante y difundida. Los caballos, los burros y el ganado vacuno, eran desconocidos. Muchos creen que los caballos “salvajes” que “domesticaban” los indios en Norteamérica, eran originarios de esa zona, pero en realidad llegaron a las grandes estepas interiores, del actual EE.UU., gracias a las expediciones fallidas de varios grupos de exploradores españoles que murieron en los trayectos o simplemente se vieron obligados a abandonar sus ganados en esas zonas, para escapar de tribus y grupos sociales hostiles.

En Centroamérica, las zonas geográficas más propicias para desarrollar la ganadería vacuna y equina, fueron los bosques secos tropicales de las planicies costeras en el Pacífico. El clima benigno y las lluvias estacionales, permitían una excelente crianza de las vacas, caballos y burros, debido a la disponibilidad de muchos forrajes y la posibilidad de producirlos en secano o con riego. Durante la Colonia y en el período independiente, la posesión de un gran hato ganadero era un indiscutible signo de riqueza y poder social. José Cecilio del Valle, era dueño de una considerable ganadería vacuna y equina, en Choluteca, la cual le brindaba suficientes ingresos para vivir junto a su familia, como un hombre rico en la ciudad de Guatemala.

La ganadería creó una forma de vida comunitaria, en algunas regiones de bosque seco tropical centroamericano, como “las Cholutecas” (actuales departamentos de Valle, Choluteca y el sur de Francisco Morazán), en donde pueblos enteros se dedicaban a la crianza de ganado vacuno para carne y leche, o el cruce de burros y yeguas para obtener mulas especiales, generando auténticas competencias para suplir el mercado de Honduras y Centroamérica. Cabe mencionar que la leche se usaba, casi en su totalidad, para la elaboración de quesos, confituras y algunos productos alimenticios cuyo consumo ha decrecido hasta nuestros días, relegando la ganadería extensiva a una tradición en vías de extinción.