En la imaginación de muchos hondureños, los Mayas aparecen como sus verdaderos antepasados americanos, cuando las investigaciones arqueológicas y antropológicas continúan demostrando, desde hace ya casi cuarenta años, que en realidad los indígenas mayoritarios y habitantes originales de casi todo el territorio hondureño, fueron los diferentes grupos tribales y etnias constituyentes de la llamada Zona Cultural Intermedia, la cual abarcaba casi toda la extensión del país actual.

ESCANEANDO LA MOSQUITIA

Se puede afirmar que la selva de la Mosquitia Hondureña ha sido “escaneada” con propósitos arqueológicos en dos ocasiones: La primera vez, entre diciembre de 1997 y febrero de 1998, por medio de dos satélites artificiales especializados en sistemas de geopercepción remota; el ERS-2 de la Agencia Espacial Europea; y el JERS-1 de la Agencia Espacial Japonesa; el resultado fueron varios mapas del Departamento de Gracias a Dios, con imágenes visuales SAR de mediana resolución, parecidas a las realizadas por las sondas espaciales que han analizado la superficie de la Luna y algunos asteroides.

La segunda vez entre 2012 y 2013, se utilizó el más moderno y efectivo sistema LiDar, cuyos menores costos, versatilidad y mayor resolución en imágenes e información obtenida, permitió la rápida identificación de más de doscientos nuevos sitios arqueológicos, dentro de tres relativamente pequeños espacios geográficos, contiguos a lugares previamente explorados, veinte años antes.

 Este hecho sorprendió mucho a la comunidad científica antropológica internacional, principalmente; pues induce a pensar en multitud de otros sitios arqueológicos dispersos por toda la región y más allá, en los Departamentos de Olancho, Colón, Atlántida, Yoro, Comayagua e incluso Francisco Morazán. Estos hallazgos comprobarían, de una vez por todas, que hubo en esos grandes espacios de territorio considerados vacíos de gente, durante el período precolombino, una gran población humana estable; con una cultura bien definida; vida social bien organizada; costumbres, religiones y visiones del cosmos, muy diferentes a las de los Mayas y otros pueblos mesoamericanos, considerados por la Historia Oficial, como los antepasados directos de los hondureños actuales.

ZONA INTERMEDIA

Gloria Lara Pinto (Phd., Universidad de Hamburgo, 1980) es Antropóloga Cultural, especializada en Mesoamérica. Trabajó en las actividades de salvamento para objetos y restos arqueológicos, durante las excavaciones llevadas a cabo por el Instituto Hondureño de Antropología e Historia, previas a la construcción de la Represa El Cajón, junto a un equipo de investigadores extranjeros, como el estadounidense George Hasemann. Con quienes también realizó varias exploraciones arqueológicas, en la Biósfera del Río Plátano; el río Paulaya y en la cuenca baja del río Wampú, donde lograron identificar multitud de sitios arqueológicos atribuidos a los pueblos de la Zona Cultural Intermedia, quienes están detrás de la legendaria “Ciudad Blanca”. Actualmente trabaja como docente en la UPNFM y en la UNAH.

Gloria Lara Pinto: “Se puede afirmar que la investigación moderna de esta región, comenzó en 1980. En todos estos lugares se localizaron más de doscientos sitios arqueológicos, de los cuales se hicieron prospecciones y levantamientos de restos en superficie. Quizás el público en general no lo sabe, pero los arqueólogos no iniciamos con excavaciones; se hace primero la prospección; luego se levantan los mapas; se hace una recolección de superficie; se establecen las extensiones de los sitios; se hace un registro de su entorno (botánico y geológico); y posteriormente se seleccionan aquellos lugares, que justifiquen una excavación controlada.

Un proyecto arqueológico es un proceso largo y minucioso; la prospección puede durar uno o dos años; luego las excavaciones y análisis etnobotánicos, etnozoológicos, geológicos, hidrográficos, etc. ¡No van a durar menos de cinco o seis años; incluso pueden durar muchísimo más! Estamos hablando de inversiones millonarias en investigación; pero que son redituables porque estas investigaciones no son solo para satisfacción de los investigadores o avance de las Ciencias Puras, sino también para que conozcamos a nuestros ancestros. Sirve para que toda esta investigación se refleje en los libros de texto; para las empresas de turismo que trabajarán en el ámbito cultural; y para que los hondureños y hondureñas conozcamos realmente, quienes somos…”
“Es importante recordar que Honduras es una zona de convergencia de dos áreas culturales: La famosa área cultural Mesoamericana, que es la más conocida, en la cual están los Olmecas, los Aztecas, los Toltecas, los Teotihuacanos, los Mayas, y otros; y el Área Cultural Intermedia, menos conocida entre los hondureños. Comprende la población Chibcha, que ocupa desde el Oriente de Honduras hasta el Norte de Colombia. ¿Quiénes son Chibchas aquí, entre nosotros, todavía? Los Pech. Es la única población chibcha que se ha mantenido en Honduras, hasta ahora. En el resto del Sur de Centroamérica, esas son las poblaciones que predominan.

Los sitios mesoamericanos son muy diferentes a los construidos por los habitantes de la Zona Cultural Intermedia. Se trata de entornos y medioambientes muy diferentes: la zona chibcha es mucho más de selva tropical ¡Hay dos formas diferentes para obtener lo necesario para la vida, en esos dos ambientes, tan distintos! Las poblaciones mesoamericanas fueron muy beligerantes en algún tiempo; pero eso no significa que las tierras estaban vacías. La fecha más antigua que tenemos, con 12,000 años de antigüedad, se encuentra en un sitio poco conocido, llamado El Gigante, en el Departamento de La Paz, y podríamos afirmar que en Centroamérica tenemos la fecha más antigua posible, corroborada con las fechas panameñas. Quiere decir esto que nuestro territorio ha estado ocupado desde por lo menos diez mil años, hace. Los mesoamericanos llegaron un poquito tarde.

Ya habían poblaciones como los Lencas, la población Chibcha, los Pech, las poblaciones misquitas, tawakas; ya estaban aquí, por lo menos hace unos seis mil años, dicen los lingüistas. Las poblaciones que conocemos como Mayas Clásicos, llegaron más o menos en el año 100 después de Cristo, al valle de Copán. Entonces vemos la gran diferencia entre esa población y el establecimiento antiguo, en el Oriente de Honduras, y que ha recibido poco reconocimiento. Donde están las poblaciones vivas de los pueblos originarios, más numerosas, como los misquitos hoy en día. Los portadores de cultura en esta región oriental de Honduras, que ahora ha recibido una cobertura mediática muy intensa, son las poblaciones más antiguas. Muy probablemente dominaron todo este territorio; lo conocieron muy bien; lo utilizaron para su sobrevivencia y luego por razones que no conocemos, ¡Y aquí se necesita la investigación arqueológica!, lo abandonaron.”

Los descubrimientos

Aplicar las nuevas tecnologías de geopercepción remota para identificar y mapear, numerosos sitios arqueológicos debajo de algunas extensiones de selva tropical en La Mosquitia hondureña, permite imaginar allí, un vasto mundo de culturas precolombinas, muy diferentes a las mesoamericanas relacionadas con los Mayas y sus descendientes.

Según el doctor Juan Carlos Fernández Díaz, el uso del Sistema LiDar en las dos investigaciones de campo donde él participó activamente, permitió a los arqueólogos acelerar procesos exploratorios que podrían haber tomado meses o años en realizarse, como la delicada y costosa limpieza del terreno sospechoso de contener restos arqueológicos. Algunos vuelos especiales de reconocimiento “in situ”; investigación de superficie, llevada a cabo con una versión micro del LiDar; y algunos días para efectuar análisis y procesamiento de la información recopilada por aire y tierra; permitió la producción de informes sumamente ilustrativos de “lo que realmente hay debajo de la selva”.

El LiDar permite recabar información sobre las modificaciones del suelo, debajo de las copas de los árboles en las zonas selváticas, donde se sospecha la presencia de restos arqueológicos. Brinda información relevante, ilustrativa y exacta, sobre edificaciones en ruinas, canales para irrigación soterrados y otras infraestructuras hace mucho tiempo abandonadas. Estos datos e información, permiten a los arqueólogos visualizar los tamaños de los asentamientos humanos existentes en esas zonas; calcular densidades poblacionales probables; y determinar las posibles extensiones reales de los territorios bajo su influencia política.

Para imaginar cómo era la forma de vida y algunas creencias de los habitantes de un sitio arqueológico, es fundamental encontrar restos humanos y de manufacturas. Cuando los miembros del equipo LiDar regresaban hacia el helicóptero, un camarógrafo identificó un conjunto de metates, semienterrados en el lodo cercano al río. ¡Así se cerraba la exploración in situ de un área anteriormente escaneada desde el aire!

CIUDAD BLANCA, ¿MITO?

JUAN CARLOS FERNANDEZ DÍAZ
“Steve Elkins decidió hacer un muestreo en tres áreas. Estas tres áreas cubren tres valles separados, con una extensión total aproximada de 140 kilómetros cuadrados. En los tres valles separados, se encontraron evidencias que los humanos habían modificado en el pasado, el terreno. Hicieron montículos de forma rectilínea, arreglados en patrones geométricos. Formaban unas plazas cuadradas; alineaban los montículos o rodeaban la plaza con ellos. En un solo valle se logró identificar 19 asentamientos: Desde uno muy grande hasta uno muy pequeño. En otro de los valles, entre cuatro y seis asentamientos. Entonces, obviamente andábamos detrás de la “Ciudad Blanca”, pero lo que se encontró, más que una ciudad, fueron un montón de asentamientos. Que no es ningún misterio. En la Mosquitia hay “n cantidad” de sitios arqueológicos.”

GLORIA LARA PINTO
“Mi esposo, George Hasemann, que también era arqueólogo, y que los últimos 25 años de su vida trabajó, aquí en Honduras, realizó una gran cantidad de investigaciones. Trabajamos en múltiples ocasiones juntos, complementando en cierta forma, nuestras especialidades, y con el IHAH. Uno de esos trabajos son los que mi esposo realizó, con algunas expediciones de arqueólogos ingleses, en la Biósfera del Río Plátano, en el río Paulaya, y en general, en toda la zona del río Wampú, del río Pao, del río Verde, ¡Y por supuesto que en todos esos lugares se encontraron una gran cantidad de sitios arqueológicos! Esto a lo que me estoy refiriendo, sucedió en la década de 1980. Así que podríamos decir que esa investigación, ya moderna, inició en la década de 1980. Y entonces, se localizaron más de doscientos sitios arqueológicos, de los cuales se hicieron prospecciones, se hizo levantamiento de restos en superficie…”

JORGE FEDERICO TRAVIESO
“El Dr. Jesús Aguilar Paz incluyó en su Mapa de Honduras, el lugar donde se suponía estaba ubicada la Ciudad Blanca, pero con un notable signo de interrogación, porque nunca la encontró. Pero el mismo doctor Aguilar Paz había dicho, y varios otros escritores; George Hasemann por ejemplo, con Gloria Lara. Ellos ya habían mencionado que lo más probable es que la Ciudad Blanca no existiera como tal, sino que fuera una serie de sitios arqueológicos, que en el imaginario nacional, se consolidaron como una sola cosa.