iglesia de santa lucía

El origen de las Ferias Patronales en Honduras

Si se investiga el origen real de varias devociones cristianas hacia hombres y mujeres santas, se descubrirá inmediatamente, ejemplos notables de antiguos sincretismos ocurridos durante los procesos de evangelización y cristianización de los Germanos, los Vikingos, los Normandos, los Tracios y varios otros pueblos guerreros de Europa. Este conocimiento antropológico acumulado durante siglos por la Iglesia Católica, sería utilizado cuando los frailes y sacerdotes misioneros evangelizaran a los pobladores nativos de Honduras.

Se utilizaban las similitudes entre las creencias de los indígenas y las creencias cristianas para iniciar la evangelización. Los misioneros europeos que llegaron a América se dieron cuenta, casi de inmediato, que los nativos vivían en una tradición religiosa animista que otorgaba un alma, casi humana, a muchos elementos de su entorno, como los ríos, las montañas, los volcanes, las fuentes de agua subterránea o los procesos naturales como la noche y el día, la luna y el Sol.

En las poblaciones donde el clima era árido las deidades relacionadas con el agua eran las más importantes; en las montañas y lugares con nubosidad y clima frío, el Sol era considerado como el dador de vida. A partir de estas observaciones, los misioneros fueron determinando cuáles eran las deidades más importantes para los indígenas y con cuáles figuras del Cristianismo debían establecer parangones, en una forma convincente y creíble.

Los pobladores originales de Honduras y América rendían culto a estos dioses locales, en forma regular y sistemática, durante todo el año. Visitaban sitios y lugares sagrados; efectuaban procesiones durante las cuales llevaban a cabo rituales religiosos muy significativos para todos los participantes y observadores. Todas estas costumbres y tradiciones les sirvieron a los misioneros para establecer fuertes conexiones con el Cristianismo europeo que pretendían imponer a los indígenas.

Los frailes hacían prédicas elocuentes y en ocasiones acompañadas de milagros, mientras transitaban por los pueblos de indios. El propósito principal de estas acciones evangelizadoras era desprestigiar a los dioses indígenas, poco a poco. Simultáneamente, con la ayuda de los encomenderos y el dinero de la Corona Española, se edificaban modestos templos en los lugares considerados sagrados, después de ser exorcizados y convertidos al Cristianismo. Finalmente, se establecían prácticas religiosas sistemáticas de adoración a Jesús Cristo y devoción hacia los santos patronos, quienes eran en última instancia las figuras que sustituirían a las antiguas deidades en su rol de protectores de la comunidad. Estas prácticas se debían sostener durante varias generaciones de nativos, hasta que se convirtieran en tradiciones y costumbres arraigadas en jóvenes, niños y viejos.


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